
Los colores vivísimos y sonoros de su paleta vibran ante los ojos. El agua cromática de sus mares, con olas que ondulan y generan ritmos y movimientos en el cuadro o sus cielos expresivos o sus planos de azules, de malvas o de esmeraldas apresan siempre muestras de lo enigmático. Esta liturgia nos lleva a pensar en vidrieras ideales en las que la luz interior del artista, su espíritu, su estado de ánimo se proyectara hacia fuera. Su ojo ordena el mundo así, en esa coincidencia simbólica de elementos que nos remiten con insistencia a una atmósfera marina; de mar y cielo y barcas y nubes en lo alto. De todo ello es buena muestra esta serie que el artista recoge bajo el lema genérico de Viento ilusorio del mar, título que aquí tiene un manifiesto componente testimonial y que es, en fin, de clara estirpe juanramoniana, ya presente, por otro lado, en su ciclo de Homenaje a Juan Ramón en la Gala Theater Art Gallery de Washington el pasado 2006.